Wednesday, October 17, 2007

Alpes japoneses/Matsumoto


"Matsumotooo!" se escucha cuando descendemos del tren que nos trae de Tokio. Como si fuera un cuento o algo parecido, como en la película 'Sen To Chihiro'.
No hacía mucho frío, se notaban las montañas, los Alpes japoneses, detrás de la ciudad, chiquita. Sentí un ligero ambiente familiar con el paisaje detrás y la estación de trenes tan cómoda y tradicional.
No sabíamos exactamente cómo desenvolvernos en un autbús. Dado que Matsumoto es un lugar en realidad pequeño, no hay sistema de metro ni trenes suburbanos. Era la primera noche que íbamos a pasar en un "Ryokan", tal vez equivalente a lo llamado "pensión".
El atractivo principal es el castillo de Matsumoto, según dicen uno de los cuatro castillos considerados tesoros nacionales. Además a 20 minutos en autobús se llega a Asama, donde hay fuentes termales y ese tipo de baños japoneses, "Onsen". Y con los Alpes japoneses a tiro de piedra, era un lugar favorable para "relajarnos". No hicimos una excursión de un día.
Leí por enésima vez el papel en mi mano: se entra por la puerta de atrás; se coge un billetito que tiene un número; en cada parada el tablero arriba del conductor se actualiza; cuando me vaya acercando a mi paradero debo presionar el botoncito; debo ver el número de mi billetito y buscar su equivalente en el tablero; al bajar debo depositar mis monedas y el billetito en una ranurita al lado del conductor; en caso de no tener el dinero exacto, cerca del conductor hay una maquinita que cambia billetes por monedas o monedas por más monedas. Cómo cariños voy a reconocer que me acerco a mi estación?
La señora del Ryokan estaba con una sonrisa dibujada en el rostro. En la entrada estaban nuestros nombres junto a los de otros huéspedes. Nuestra habitación tenía vista al río. Pudimos usar bicicletas (y evitar el autobús para ir al centro o a Asama). Hay un baño con agua caliente (Sento). Durmimos sobre futones sobre tatamis cubiertos por un yukata (una especie de kimono-pillama) y teníamos te en la habitación.
Optamos además por desayuno japonés: pescado, arroz... nada de pan ni de mermelada ni de queso...
Además nos dio entradas para el castillo por 200 Yenes (el precio normal son 600 Yenes). Después del castillo -que es un real tesoro- fuimos en bicicleta por cuesta a Asama al Onsen que la señora nos sugirió. Qué experiencia! Discretamente seguí las acciones de los otros visitantes. Me duché sentado en un banquito.
Una de las especialidades de Matsumoto es la carne de caballo cruda; mi temor en el lugar de la cena era ordernar algo de la carta y recibir tal especialidad... no sucedió!



Al siguiente día en tren a los Alpes; un viaje un poco caro, una gran oportunidad para que mis ojos descansaran. En este día también utilizamos el servicio de desplazamiento de equipaje y nos lo enviaron a la siguiente ciudad.
Atravesamos las montañas primero en tren, luego en bus, luego en un bus eléctrico, luego en un tren que sube en forma diagonal, luego en teleférico de vértigo, luego en otro tren que baja en forma vertical y luego en bus de nuevo y finalmente otro tren. En los puntos de cambio de vehículo respiramos aire fresco y comimos cosas pequeñas e hicimos fotos. Una pena habernos despertado tarde.

4 comments:

Silencio said...

Demonios, hoy viaje en taxi hasta mi casa y de mi casa al cine en el coche... creo que con tres líneas puedo esconder mi envidia.

Maaaquiavèlicaaa said...

holaaaaaaaaaa guapooooooooo,aqui toy leyendo q ya regresaste de tus vagaciones¡¡¡wowow leyendote imagine q estaba ahí contigo, no inventes q interesante vieja,exijo más fotos jejee
besitos

Miguel Cane said...

Matsumoto... en México era (¿es?) una florería muy famosa. El nombre, or asociación automática me hace recordar una orquídea. Dios sabe por qué.

¡Yo quiero una Godzilla!

g. neidisch said...

Qué bonito que comenten!
Pondré más fotos en siguientes 'posts'.
La Godzilla viene...